DREAMING OF A GREEN CHRISTMAS

En esta época del año, muchos necesitamos un recordatorio de que debemos bajar la velocidad, evitar el consumismo desmedido y prestar atención a los tesoros que ya tenemos. Y es por esta razón por la que hace unos días hice un curso de coronas navideñas con Philippa.

Lejos de ser un capricho decorativo pasajero, el origen de las coronas de Adviento viene de lejos. En el norte de Europa, mucho antes del nacimiento de Cristo, la gente se veía obligada a dejar de trabajar en los campos en cuanto caían las primeras nevadas. Así que, en cuanto los días se hacían más cortos y más fríos, quitaban las ruedas de los carros de labranza para protegerlas, las llevaban a las casas y las colgaban donde podían. Luego las adornaban con ramas de pino, abeto o cualquier otro tipo de arbusto de hoja perenne que tuvieran a mano. Y lo hacían porque sí, porque las ruedas quedaban más bonitas, pero también para no olvidar que hay cosas que nunca mueren.

En la actualidad, la corona de Adviento puede estar colgada en la puerta, colocada como centro de mesa rodeando unas velas o  suspendida en el aire. Pero, allá donde se encuentre, nos recuerda que ha llegado el momento de parar, descansar y centrarnos en nuestro hogar, en nuestra familia y en nosotros mismos. Toca encontrar en nuestro interior la luz y el calor que fuera no vemos y aprovechar estos días para reconectar con nuestra esencia y planear las cosas que nos gustaría hacer en cuanto llegue el buen tiempo.

Hacer, NO COMPRAR. El adviento bien entendido nos invita a identificar los placeres cotidianos sin los cuales nos cuesta vivir y a huir del consumismo excesivo.

¡Pruébalo! Ahora que ya ha pasado el Black Friday, apúntante al Green Advent y antes de sacar el monedero, párate un minuto a pensar qué estás comprando, por qué lo estás haciendo y dónde lo estás haciendo. Hazlo por ti… y por el mundo.