EL VERDE ES EL NUEVO NEGRO

Hay muchos tonos preciosos de verde, pero cuando la lluvia se extiende como un encantamiento por el pueblo en el que ahora vivo, el paisaje se envuelve con un manto de matices grises, marronáceos y azulados. Durante mis paseos, busco pinceladas naturales del verde de Scheele, ese pigmento verde amarillento que en el pasado se usaba en muchas pinturas y que era tan venenoso. Admiro las pátinas de verdigris que se forman en las viejas tuberías y los techos de cobre, las puertas de cocheras en tonos aguacate ahumado y las fachadas teñidas de celadón, ese verde grisáceo que tanto se parece a las hojas de los olivos. Y, obviamente, también me fascina el bosque que se extiende detrás de nuestra casa, un bosque profundo y oscuro que las tormentas suelen pintar con los duros colores de la piel de los cocodrilos.

Me gusta leer que todos estos tonos de verde llevan vinculados a la naturaleza desde la antigüedad: en el maravilloso libro «Las vidas secretas del color» (editado, como los míos, por Urano), Kassia St Clair nos cuenta que el antiguo jeroglífico egipcio para evocar el color «verde» era un tallo de papiro. Pero el verde no se convirtió en el símbolo oficial de la necesidad de proteger el medio ambiente hasta que las playas de Santa Bárbara amanecieron teñidas de negro.

La mañana del 28 de enero de 1969 reventó un pozo de petróleo que estaba situado mar adentro, a diez kilómetros de las costas de California, y dejó escapar más de once millones de litros de petróleo. Durante los once días que tardó en controlarse el derrame de crudo, el lecho marino no dejó de escupir ese líquido negro, cubriendo totalmente un tramo de 60 kilómetros de litoral y a toda la fauna marina que fue encontrando en su camino.

El derrame de Santa Bárbara marcó un punto de inflexión en la conciencia ambiental de las personas y fueron muchas las que pusieron el grito en el cielo, reclamando leyes que protegieran a los ecosistemas con urgencia. El primer Día de la Tierra se celebró el 22 de abril del año siguiente. Y en 1972, una pequeña organización que ya existía cambió su nombre a Greenpeace. El precursor del Partido Verde Británico fue fundado en 1973; el equivalente alemán, Die Grünen, apareció en 1979, el francés Les Verts se consolidó en los años 80, y el partido Los Verdes español se fundó en 1984.

Desde entonces, el verde se ha convertido en el nuevo negro. Es el matiz del equilibrio y la armonía. El símbolo de la primavera y el renacimiento. Un tono precioso que nos permite calmar la mirada cuando la tormenta nos cala hasta los huesos. Es mi color este año. Más que nunca.

¿Y el tuyo? ¿Con qué color baila tu corazón en estos momentos?